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La opinión de Jaspers (Walker 2014)

Es entonces cuando la opinión se llama hipótesis.
I. KANT

Fra Carnevale 1480-4 La ciudad ideal

NI PEREZA NI ilusión (A642). Solo tras agotar el examen de los hechos particulares de la vida psíquica, con sus relaciones comprensibles y causales, asume Jaspers que la aproximación al hombre rebasa la simple experiencia y que precisa de una idea que lo abrace en su totalidad. No bastan las explicaciones fisicistas ni la interpretación fragmentaria. Hay que dejar fluir la idea total por las grietas del pensamiento categórico. La siguiente tabla ofrecida por Walker resume las características distintivas entre las categorías de la intuición particular y las ideas de totalidad. Sigue leyendo

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Las ideas kantianas de Jaspers

Monticelli - La mer à Cassis

KARL JASPERS FUE, como bien saben, uno de los máximos exponentes de la filosofía existencial alemana. Este pensamiento será el que moldee las sucesivas ediciones de su Psicopatología General, publicada en su primera versión en 1913 bajo la clara influencia de Wilhelm Dilthey y un mucho más discutido aliento husserliano. En esta reelaboración existencial de su psicopatología Jaspers establece (Walker, 1993) una clara distinción entre la vida empírica (Dasein) y la existencia (Existenz). Al ámbito empírico corresponderían tanto el saber científico de la naturaleza como la interpretación de la historia, mientras que al segundo convendría la comprensión llamada existencial. Es justo ésta la que, según Jean-Claude Gens, «define la tarea del médico frente a la del puro hermeneuta o el puro biologicista». El médico se dedica a algo más que a experimentar con signos o significados. Tiene trato directo con el dolor. Poco le dicen las señales de despolarización axonal o los vacíos significantes en los que crea hallar asiento cada uno.
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Bioética de lo incomprensible

XXV Aniversario de la conferencia Hermenéutica y psiquiatría de Hans-Georg GADAMER


 

Folk epistemology en Pilon's street

Folk epistemology en Pilon’s street

El arte de interpretar, llamado hermenéutica, tiene que ver con lo incomprensible y con la comprensión de lo que hay de desconcertante en la economía mental y espiritual del hombre.

H.-G. Gadamer



María G. Navarro, filósofa del CSIC y autora del blog folk epistemology, publicó en verano de 2007 en la revista ARBOR un trabajo por el que a la fuerza nos teníamos que sentir interpelados: Crítica a la psiquiatría clínica desde una hermenéutica bioética. Analizamos aquí el concepto de incomprensibilidad en él ofrecido y sus implicaciones para los requerimientos éticos de la psiquiatría clínica.


SE PREGUNTA MARÍA G. Navarro si el discurso psiquiátrico puede ser entendido “en los términos de una hermenéutica que se ignora, pese a su latencia, en el seno de una ciencia experimental”. Releemos. Despacio. Esto es o así entendemos: si bajo el discurso superficial de una medicina basada en pruebas que censura siguiendo a José Lázaro (Entre pruebas y narraciones), late como posibilidad en psiquiatría la comprensión narrativa del sufrimiento. Se trata de saber si la medicina es capaz de, más allá de las “objetivaciones masivas” que según Gadamer dominan al psiquiatra, enfrentar el hecho de que tal como él afirma, Navarro transcribe y nosotros suscribimos: ”la inquietante oscuridad que rodea las enfermedades mentales no deja de ser incomprensible, aunque el médico disponga de los medios necesarios para dominar la enfermedad, como, por ejemplo, los psicofármacos”.

La psiquiatría, definida según Navarro por su carácter manipulativo (pp. 585 y 594) se habría contentado con “dominar” la enfermedad relegando, obstaculizando incluso, la comprensión del sujeto. Pero prosigue Gadamer, aunque Navarro ya no lo reproduce, con las siguientes palabras: “En la sociedad que debería existir entre médico y enfermo subsiste, en muchos de estos casos, un abismo insuperable. En apariencia, no hay hermenéutica que ayude a franquearlo. Y, sin embargo, la camaradería entre estos dos seres humanos debería reclamar sus derechos. El médico -y quizá también el paciente- debe esforzarse por lograrla”. A pesar de la incomprensibilidad que “rodea” la enfermedad, no considera pues Gadamer que la psiquiatría haya claudicado en su vocación de acompañar al sufriente. Lo mismo defendía Karl Jaspers quien, si bien consideraba “que la enfermedad no reside en lo susceptible de comprensión, sino en lo incomprensible”, nos impelía a acercarnos al hombre que (la) padece: “Donde los síntomas parecen tener que ver con nexos de sentido comprensibles, es transitado el camino de la comprensión para ayudar humanamente a través de una comprensión lo más profunda posible”. Apelan ambos a la humanidad, a la camaradería, mas refulge pronto un matiz: si para el psiquiatra la enfermedad “reside” en lo incomprensible, si le es -digamos- esencial, para el filósofo la oscuridad sólo “rodea” el sufrimiento, le es circunstancial y sería, por tanto, disipable. Esta es la postura defendida por la filósofa del CSIC al sostener que la enfermedad no es un “estado esencial de hombre alguno” sino resultado de acciones, en este caso del artificio psiquiátrico: “esa oscuridad es efecto del lenguaje psiquiátrico (que) cubre, en efecto, de una inquietante oscuridad lo que, según el punto de vista que aquí se sostiene, deberían comprenderse como respuestas (de múltiples y variadas modulaciones) ante acontecimientos de una resonancia emocional trágica o terrible”. Pero si la envolvente negrura es obra de la psiquiatría cabrá entonces, como escribíamos, aclarar esas respuestas desarticulando las estratagemas del científico someter. Rescatando a la psiquiatría del paradigma positivista en el que andaría perdida, alejada “de sí misma, de su verdadero rostro”, ella misma alienada, y devolviéndola al de la narratividad que se le supone propio debería ser posible restituir la comprensibilidad al sufrimiento. Pero ¿es en verdad la psiquiatría artífice de tal embrutecer? ¿Es eso lo que sugiere Gadamer?

La conferencia de la que se extrae el citado concepto de incomprensibilidad, Hermenéutica y psiquiatría, fue pronunciada en el Congreso de Psiquiatría de San Francisco de 1989. Si atendemos al desarrollo del argumento allí expuesto creemos se aclararán las responsabilidades. Comienza la digresión con la referencia platónica por la que pensar es “escuchar las respuestas que nos damos a nosotros mismos o que nos son dadas, cuando elevamos lo que es incomprensible a la calidad de una pregunta”. Lo incomprensible es, por tanto, el objeto del pensar, en general. Partiendo de esta premisa y de forma únicamente derivada ocurrirá, se nos dice, que “el psiquiatra reconocerá inmediatamente la proximidad de estos puntos incomprensibles respecto de aquellos que él encuentra en las enfermedades espirituales y mentales de las que debe ocuparse”. No generará confusión ni enturbiará el discurso, sino que “reconocerá en” su práctica clínica aquello que es propio de un pensar precisamente hermenéutico. No consideraba Gadamer que la psiquiatría se hubiera abandonado en “el seno de la ciencia experimental”, sino que le reconocía muy al contrario el esfuerzo por mantenerse “en el delgado límite que media entre el terreno del conocimiento propio de las ciencias naturales y su penetración racional en el acontecer natural, por un lado, y la confrontación con los enigmas mentales y espirituales, por el otro”.

No creemos que en los veinticinco años que nos separan de la conferencia californiana de Gadamer la psiquiatría haya cejado en su empeño por suturar la que Navarro denomina “dilemática disección entre hechos y valores en las ciencias experimentales”. Lo viene haciendo de muy atrás (Hönigswald, 1929) y por muchos, entre ellos el aludido Valdés, pero de forma notoria Bill Fulford mediante su insistente reintroducción en psiquiatría de los valores no epistémicos; invitándonos -más allá de las pruebas- a una práctica basada en valores (Values Based Practice). Y si efectivamente entre esos valores la psiquiatría “puede ser analizada desde el punto de vista de su presunta moralidad”, creemos que en lo que atañe al concepto de incomprensibilidad responde con solvencia a los requerimientos que desde la hermenéutica bioética Navarro aquí le plantea.

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G. NAVARRO, M. (2007), Crítica a la psiquiatría clínica desde una hermenéutica bioética, Arbor (CLXXXIII, 726), 581-97 doi:10.3989/arbor.2007.i726.128

GADAMER, H.-G. (1993), Über die Verborgenheit der Gesundheit, Frankfurt am Main, Suhrkamp

JASPERS, K. (1983), Wahrheit und Bewährung, München, Piper

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Jaspers desexperimentado

Centenario de la Psicopatología General de Karl JASPERS en Schizophrenia Bulletin


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Estructura de juegos infantiles en la que los codanos se entretienen mientras Jaspers encarama para otear el horizonte levantisco.




El que experimentó por sí mismo, encuentra con facilidad la descripción adecuada. El psiquiatra que solamente observa, se esforzará en vano por formular lo que puede decir el enfermo de sus vivencias

Karl Jaspers, Psicopatología General





Codano, na. adj. Perteneciente o relativo a los centros de la Universidad de Copenhague dedicados al estudio de la psiquiatría y de la subjetividad. U.t.c.s. A efectos de este artículo: Parnas et al., autores de Rediscovering Psychopathology: The Epistemology and Phenomenology of the Psychiatric Object.



ENTIENDEN LOS CODANOS la psicopatología como el estudio de la experiencia anómala, o trastornada. No tardan en asimilar esta experiencia a la conciencia en la que ven morar el objeto de la psicopatología para Jaspers, “the conscious psychic event”. El tándem de la experiencia consciente deviene así un invariable que, identificado en nombre de Nagel con la misma subjetividad, queda instituido como el suelo sobre el que avanzan sus pesquisas psicopatológicas de unos “mental states identified on experiential grounds”.

Pero esta conciencia experiencial resulta difícilmente aprehensible, y a lo más que llegan (aunque machaconamente) es a enfrentarla al mundo físico. Quieren presentarla con Husserl como una red de momentos interdependientes opuestos a una espacialidad atomizada en la que su léxico choca y tropieza (frame, ground, structure). Rechazan su intelección como “substantive objects of the natural world (ie, things)” y censuran el empeño fisicalista por dibujar la “reality as graspable in a certain substantive mechanical sens” (sí se lo parecía, graspable, al secuaz Stanghellini).

No merece probablemente la pena desbrozar la maraña (o marañón) onto-epistémica en la que se enredan para justificar su propuesta y arremeter contra un reduccionismo neurocerebral que endosan al demonizado positivismo o empirismo lógico. Baste identificar su rechazo al de las operational definitions que de la mano de Carl Hempel llegaron a la psiquiatría americana para inspirar el deeseeme desde su tercera edición. Les parecen pobres las definiciones ambulantes y queridamente desarraigadas del manual estadístico. Les conmueven las palabras sin historia y sin hogar que allí se alistan, y se precipitan sobre el huérfano jurándose encarrilar esa vida sin sentido. Pero recelosos de los auténticos orígenes (esa madre biológica -¡ups!- que los abandonó a una suerte sin doctrina), lo empujan a ser acogido por una familia de relaciones significativas o a someterse a la estructura estatal de la experiencia.

Ante el repudio de la causalidad mecánica, esa que entiende la conciencia como “a mere product of neurophysiological events that lacks any causally relevant meaning structures of its own” (nótese que también lo físico lo entienden a su vez por mera oposición), proponen unas relaciones de sentido (meaning relations) que no parecen constreñir menos por haber mudado el apellido al dejarse adoptar por la motivational causality. Pero no es esta su apuesta principal (sí lo es de Stanghellini en el artículo reseñado en nuestro número anterior, Stanghellini y el equívoco Minkowski); y sea porque les parezca tímido el pupilaje, o tal vez al contrario atrevido en exceso (rememorando la reprimenda de Jaspers a von Weizsäcker por sus omniabarcantes pretensiones de sentido) conceden otra salida al desharrapado animal proponiéndole vestir las forms of judgement del buen sujeto del Estado de experiencia.

En FENOPATOLOGICA nos preguntamos si esta opción totalitaria (como veremos) de los codanos, acorde con su comprensión de la psicopatología como experiencia trastornada, es compatible con la concepción descriptiva de la Psicopatología General de Karl Jaspers a la que dicen rendir homenaje.

Creemos hallar respuesta en el editorial del mismo número de Schizophrenia Bulletin firmado por Assen Jablensky. En él destaca, imprecisiones fenomenológicas (hasta la denunciada loose manner) aparte, el papel de la introspección rescatado por Jaspers. Este acceso a la vivencia del enfermo a través de su propio relato, de lo comunicado por él, del punto de vista de quien vive y sufre el enfermar, la descripción “from within” que también reclaman los codanos, consiste en atender la experiencia que el orate hace de su propio malestar, lo cual resultaría improductivo si entendiéramos que es el mismo experienciar el que flaquea. Se trata pues de entender la psicopatología as experienced (como destaca en el original el australiano), no of experience como los codanos interpretan.

Estos consideran crucial una concepción holística que anudan con un particular énfasis fenomenológico en la forma o estructura del vivenciar. La estructura experiencial se presenta así como totalidad compre(n)siva, como el marco que encuadra, tensa y sujeta (que el sujeto anda fuera de sí es errancia de sólita modernidad), y en ese vallar el campo (y playa) se entretienen. El trastorno o desorden lo hallan así por fuera, en un ámbito negado a la introspección, sea por su carácter prerreflexivo dicen, sea por entender que socava la misma estructura de la conciencia que debería llevarla a cabo (son ambas opciones en el fondo la misma si aceptamos el ipseity’s fundamental role in experience que postulan en otra parte (2011); aunque no creemos nosotros que se halle en este in-spectio la dificultad sino en el empeño por permanecer en la barrera, en que nunca estuvieron de-intro; pero sigamos sus razones). Resulta de este modo que la identificación del campo de experiencia como el ámbito afectado en la enfermedad mental impide la asunción del proceso autodescriptivo en el que se basa el programa metodológico jaspersiano del que denuncian el olvido y apremian el rescate: “Jaspers urges us to elicit and attend to the patients’ self-descriptions”. Se delatan al reclamar “the need for a faithful description of anomalous experience, ‘from within’“. Este ‘desde dentro’ ya hemos visto que encajaba con una psicopatología as experienced, pero no en su ‘desde fuera’, en las formas of experience; la introspección de Jaspers trata con un malestar experimentado (y experimentable por tanto) pero no de un incapacitante y alienante enfermar de la experiencia.  Si esta se trastoca no podrá ya volverse sobre sí, especialmente si se la entiende como el todo de un sujeto sin ella desarmado. La psicopatología no puede para los codanos ser entendida como (as) experimentada por los pacientes tal como defendía Jaspers, pues es precisamente la experiencia la que hallamos averiada. El enfermo de la experiencia no puede aspirar a la introspección como el ciego no puede verse con el ojo malherido, enucleado. Experiencia de enfermedad y enfermedad de la experiencia se formulan excluyentes, y se antoja vana la experiencia de cien años.

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PARNAS, J., SASS, L.A., ZAHAVI, D. (2013), Rediscovering Psychopathology: The Epistemology and Phenomenology of the Psychiatric Object. Schizophrenia Bulletin, doi:10.1093/schbul/sbs153

JABLENSKY, A. (2013), Karl Jaspers: Psychiatrist, Philosopher, Humanist. Schizophrenia Bulletin, doi:10.1093/schbul/sbs189

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Controvèrsia Jaspers (1988-97)

Es compleix enguany el centenari de la publicació de la primera edició de la Psicopatologia General de Karl Jaspers (Oldenburg, 1883 – Basilea, 1969). Obra de referència incontestable per la semiologia psiquiàtrica del segle XX, patí a la darrera dècada d’aquest (1988-1997) un debat saturant sobre fins a quin punt mereixia rebre la consideració de fenomenològica i especialment d’hereva de la doctrina del filòsof Edmund Husserl (Moràvia, 1859 – Friburg de Brisgòvia, 1938). Entrat el segle XXI l’assimilació de l’obra jaspersiana a la fenomenologia és generalitzada, si bé d’una manera laxa i força aliena al moravià. Els editors de la conferència del Institute of Psychiatry de Londres celebrada el 2005 i publicada a Schizophrenia Bulletin el 2007, Gareth Owen i Robert Harland, afirmen sense gaire contemplacions a la seva introducció titulada Taking Phenomenology Seriously que Jaspers (…) was directly engaging with phenomenology. I Thomas Fuchs donava un lustre abans per clausurada la disquisició a Psychopathology  tot assumint aproblemàticament al seu treball The challenge of neuroscience: Psychiatry and phenomenology today una “descriptive phenomenology” in the sense of Jaspers. La fenomenomenologia d’avui ja no s’atura en Jaspers. Potser no cal, potser només reconèixer que ens orientà quan el necessitàvem.

Sobre la influència husserliana es mostrà contundent German Berrios a la conferència pronunciada a Cambridge el 8 de març de 1988 i publicada l’any següent al Journal of the Royal Society of Medicine sota el títol What is phenomenology? A review, tot concloent that there is little in the philosophical movement called phenomenology (as developed by Husserl and continued by his followers) which is conceptually useful to the construction of a modern theory of description applicable to the signs and symptoms of mental or physical illness.

Qüestiona el 1993 a Comprehensive Psychiatry la convergència entre Phenomenology and psychopathology: was there ever a relationship? es pregunta tot responent de forma expeditiva que this much-talked-about alliance [between 19th-century descriptive psychopathology and phenomenology] was just a marriage of convenience.

No limita el seu argumentari a la manca de relació entre ambdues disciplines sinó concretament la de Husserl sobre Jaspers tot sentenciant que Husserlian phenomenology played no significant role in General Psychopathology, i pretenent que historians of psychiatry have so far failed to show that what Jaspers introduced into psychopathology had any connection with Husserlian phenomenology.

Desplaça les influències cap a d’altres autors: Kant, Dilthey, and Weber seem to have been more important to Jaspers’ ideas than Husserl, particularly in dichotomies such as form/content and explanation/understanding.

Assumida aquesta génesis conceptual [de la Psicopatología General de Jaspers] a través de Kant, Dilthey o Max Weber, recullen la controvèrsia Ramos Gorostiza i González Calvo en la seva contribució de 1995 a El sentido de la psicopatología y el papel de la fenomenología tot contrastant de forma desmenjada la frontal oposició de Berrios (1989-1993) a la lectura prohusserliana de Wiggins, Schwartz i Spitzer (1992):

Las referencias de éste [Jaspers] a la fenomenlogía de Husserl han promovido una discusión que parece no vaya a terminar nunca.

La profunditat de la seva anàlisi els permet una formulació conciliadora afirmant que si bé existe una clara referencia de la Psicopatología General a las Investigaciones Lógicas [de Husserl] no se puede afirmar, sin más, que se hayan captado los conceptos claves de la fenomenología, sino más bien una cierta idea de método que permite a Jaspers resolver cierto tipo de problemas para escapar del psicologismo.

Dos anys més tard, el 1997, reprenien el debat Osborne P. Wiggins i Michael Alan Schwartz al treball Edmund Husserl’s Influence on Karl Jaspers’s Phenomenology publicat a Philosophy, Psychiatry, & Psychology:

G. E. Berrios and Chris Walker have raised doubts about the prior consensus that Jaspers’s phenomenology owed much to Edmund Husserl’s phenomenology. After criticizing this earlier way of reading Jaspers, Berrios and Walker offer differing and novel interpretations of his phenomenology. We agree with the earlier way of understanding Jaspers, primarily as set forth by Michael Shepherd and Herbert Spiegelberg; and we disagree with Berrios’s and Walker’s contentions that Jaspers did not in fact derive much of his phenomenology from Husserl.

Jean-Michel Azorin i Jean Naudin feien seu, amb un arrauxat afany de clausura, el posicionament de Wiggins i Schwartz a les pàgines següents del mateix volum en el seu Commentary on Edmund Husserl’s Influence on Karl Jaspers’s Phenomenology:

Schwartz and Wiggins’s paper clearly shows that Jaspers’s comprehensive psychiatry draws mainly from Husserl’s phenomenology. This thesis enters a current debate opened by Chris Walker and German Berrios about the influence of Husserlian philosophy on Jaspers’s work. This debate, which emerged at the end of the so-called decade of the brain, could be considered perfectly obsolete.

En ferma adhesió als postulats dels novaiorquesos Wiggins i Schwartz (the significant influence that Edmund Husserl’s early work, Logical investigations, exercised on Jaspers’s formulation… Diltheyian procedures were integrated into the Husserlian ones) reblen la seva versió de les influències jaspersianes:

There is no room for Kant in Jaspers’s main principles, and this assumption must lead us to consider the horizon opened by Jaspers, that is, the horizon of a science of meaning essentially built on the lived experiences and the bracketing of any kind of a priori. In contrast to the slight influence of Kant, one idea that emerges is that of the straight impact of Dilthey on both Jaspers and Husserl. We perfectly agree with Wiggins and Schwartz that Jaspers, grounding both on Husserl and Dilthey, arrives at a methodological principle that is all his own, by considering both the connections of the life-stories and the objectivity of symptoms.

Ramos i González (1995) semblen oferir-nos finalment i precisa en les seves consideracions de l’escola wigginsiana, una de les perspectives més comprensives de l’assumpte:

Para Wiggins y col. lo que Jaspers compartiría con Husserl y, por tanto, haría de su proceder fenomenología, es la descripción de los procesos mentales por medio de la intuición representativa, ateniéndose a la evidencia del discurso y la conducta del paciente, sin imputarlos a ningún tipo de teoría causal. Ahora bien, aquí tenemos la prueba más eficaz para hacer ver que esto no es lo que Husserl entiende por fenomenología en sentido estricto. En todo caso, se tratará, más bien, de lo que Jaspers ha entendido por fenomenología.

En aquest garbuix d’influències atribuïdes i negades hi ha opinions per tot i només sembla reunir consens el relativament innocu ascendent de Dilthey sobre Jaspers. Cap altra identificació (penseu en qualsevol combinació possible entre conceptes i noms propis) rebrà subscripció unànime. Però més enllà d’escoles i opinions particulars, el que caldrà saber és de què parlem (més que de qui) quan els psiquiatres continuem apel·lant, per bé o per mal, a la fenomenologia.

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