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Psicopatología y libertad

Por Enric J. NOVELLA


Reseña de RAMOS GOROSTIZA, P., REJÓN ALTABLE, C. (2002), El esquema de lo concreto. Una introducción a la psicopatología. Madrid, Triacastela, 235 pp. Publicada originalmente en 2004 en la revista Frenia (vol.IV,2) se reproduce aquí con permiso del autor en el marco del homenaje a Pablo Ramos.

Lo que se da es idéntico a lo que no se da, lo que descartamos o dejamos pasar idéntico a lo que tomamos y asimos, lo que experimentamos idéntico a lo que no probamos, y sin embargo nos va la vida y se nos va la vida en escoger y rechazar y seleccionar, en trazar una línea que separe esas cosas que son idénticas y haga de nuestra historia una historia única que recordemos y pueda contarse.

Javier Marías, Corazón tan blanco

I

En una época en la que, en una conocida fórmula de J. Glatzel, la abolición de la psicopatología, su reducción a una mera semiología psiquiátrica en nombre del empirismo1 se encuentra en un estadio tan avanzado y parece consumarse en medio tanta indiferencia, la aparición de este libro puede considerarse un acontecimiento de singular relevancia en el panorama psiquiátrico español. Que, como mucho me temo, pase totalmente inadvertido más allá del estrecho círculo de colaboradores y residentes en torno a Pablo Ramos es sin duda un síntoma del clima de absoluto desinterés en que nos movemos acerca de los fundamentos teóricos de nuestra especialidad, pero también una consecuencia de las exigencias que a la lectura plantea un texto, literalmente, sin concesiones. El loable (y extremadamente ambicioso) objetivo de „establecer las bases de la mirada psicopatológica depurada y descargada de ingenuidades pretendidamente científicas“ (p. 154) que se propone el libro, da la medida de la complejidad de los asuntos que trata, pero queda emborronado por una enorme densidad en el desarrollo de los contenidos que apenas hace transitable a un no especialista el considerable bagaje filosófico y psicopatológico de los autores. Se trata de una opción respetable, pero, dados los tiempos que corren, creo necesario lamentar de antemano semejante ejercicio solipsista, y no menos reconocer mi comprensión limitada de algunos fragmentos. El presente ensayo, por tanto, no puede aspirar más que a dar cuenta de algunos aspectos, seguramente parciales y de forma simplificada, tras una lectura intensa pero necesariamente apresurada.

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Verano sin fenofobia en World Psychiatry

 

DSC00229PUBLICÁBAMOS EN PLENAS vacaciones estivales nuestro particular diálogo con Louis A. Sass cuando World Psychiatry, revista de la Asociación Mundial de Psiquiatría, acababa de hacer lo propio con el suyo. Parnas, Lysaker, Ratcliffe, Garetty y Fuchs entre otros respondían al artículo central a cargo de Louis Sass y Greg Byrom: Perspectivas fenomenológicas y neurocognitivas de los delirios.


Y si coincidían ambas publicaciones en el tiempo también lo hacían en el sentido de su réplica. Basta con leer los títulos de los comentarios para ver por dónde van las teclas. El de Lysaker y Hamm no puede sar más explícito: Inquietudes en torno a la inatención del papel que desempeñan el dolor emocional y la intersubjetividad. En la primera parte de su argumento, aperitivo de un trabajo pendiente de publicación en PPP, vienen a coincidir en la primacía que reclamábamos nosotros para los afectos en la comprensión de la vivencia esquizofrénica, aquí acotado a los delirios, que dicen “no son simplemente cálculos erróneos basados en disfunciones neurocognitivas o el producto de alteraciones fundamentales en el sentido del yo, como describen los autores [Sass y Byrom]. Más bien -prosiguen Lysaker y Hamm-, si el dolor desencadena experiencias delirantes, puede ser que los delirios sean en parte intentos, bien que ineficaces, de los seres humanos para explicar o comunicar su dolor a otros seres humanos”. Asumido el papel de la afectividad en la génesis del delirio, enlazan este factor con un componente intersubjetivo no del todo claro, aquí como función posible del delirio, en lo que sigue como postulado mecanismo a través de la conocida Teoría de la Mente, de la que proponen una lectura propia frente a la “retirada general a un estado solipsista” descrita por Sass y Byrom.

En su comentario El mundo interpersonal de la psicosis Matthew Ratcliffe hace hincapié en los mismos elementos que Lysaker y Hamm, aunque en el título mencione uno solo, y enfatiza tanto la importancia de un fondo público o intersubjetivamente compartido a partir del cual moldeamos nuestras creencias, como una confianza básica que no podrá tener otro componente fundamental que el de la afectividad, según él mismo expone. La ruptura traumática de estos lazos vinculares tempranos dañaría la solidez de ese consenso tácito necesario para no naufragar, y cita a Jaspers, en la humana socialización; y podría así condicionar “sesgos epistémicos” que nos llevaran al delirio. Como resultado.

En La intersubjetividad de los delirios, aportación de Thomas Fuchs, no se tematiza esa afectividad que Lysaker, Hamm y Ratcliffe sí consideran imperativo destacar, pero resume con precisión el marco interpersonal en el que el fenómeno, más allá de las alteraciones de la ipseidad en que se centra la propuesta de Sass, viene a gestarse:

En resumen, los delirios pueden no ser suficientemente descritos como creencias falsas individuales. Se corresponden más bien con una situación intersubjetiva despojada de la confianza básica que podría ayudar a restablecer una comprensión consensuada de la situación y a co-construir una realidad compartida, de sentido común. Independientemente de sus presupuestos neurobiológicos y de sus componentes neurocognitivos -a los que no quitamos su crucial importancia- los delirios no son solamente productos de cerebros individuales. Su fundamento no radica en una representación engañosa del mundo, sino en el fracaso en la participación en un mundo compartido a través de la interacción con los demás.

También a nuestro entender resulta imprescindible la explicitación de una afectividad siempre relegada a la insinuación y el apunte. Tal vez por miedo a generar esa “fenofobia” de la que Josef Parnas escribe en su texto Delirios, epistemología y fenofobia, en el que reconoce que “el artículo de Sass y Byrom puede parecer una reminiscencia de las conjeturas no empíricas de una era precientífica, expresada en un lenguaje poético” frente al contundente vocabulario operacional de los manuales estadísticos. Aunque no nos parece que la obra de Sass, mucho más cercana como se ve a los preceptos neurocognitivos, corra gran riesgo en ese sentido, sí podría en verdad ocurrirle a una fenomenología que, abierta a la facticidad, apueste por los quiebros de la vida y relegue los enunciados de impacto. Quien la rehuya, malentendiendo la ciencia, leerá el trema con Sass. Nosotros les invitamos a seguir con Parnas:

Desde una perspectiva fenomenológica, los delirios primarios no son errores originalmente cognitivos sino fenómenos esencialmente experienciales de raíz afectiva o pática, un aspecto bien ilustrado por las descripciones de Conrad del trema y la ‘afectividad fundamental intensificada’.

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VV.AA. (2015), Forum – Phenomenological and neurocognitive perspectives on delusionsWorld Psychiatry (14:2), 163-87

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