Archivo de la etiqueta: Fenomenologia

El acceso a la alteridad del otro en la fenomenología del siglo XX

Por Antonio PÉREZ QUINTANA


Conferencia pronunciada el 16 de mayo de 2013 en el Salón de Grados de la Facultad de Filosofía de la la Universidad de La Laguna en el marco del homenaje al profesor Gabriel Bello bajo el título Éticas y políticas de la alteridad.

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Diálogo con Ivana Marková

 

9780521022767

 

HA FIRMADO ARTÍCULOS de interés cuando los escribía Ivana Marková. Sin ella, Germán Berrios (uno de los escasísimos ejemplares de epidídimo curricular más largo que Tizón) nos hubiera torturado por los siglos con su dialéctica del ruido y la señal. Mas hete aquí que en 2009 suscribe que los síntomas mentales son construcciones teóricas en las que “los sujetos crean sentido o construyen un significado a partir de una rudimentaria experiencia preconceptual y preverbal”. Alto ahí. Cherchez la femme. Aquí la tenemos. Dedicamos nuestra atención a esta filósofa y psicóloga checoslovaca (Praga, 1938) que ha dado un vuelco al descriptivismo del psiquiatra peruano. Leemos y reseñamos la entrevista que concediera en 2013 a Thomas Fondelli para Open Dialogical Practices: On dialogue and dialogicality. Sobre el diálogo y la dialogicalidad, dialogaron.

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Presentación del Grupo de Trabajo en Psicopatología Fenomenológica

Por Oriol MOLINA y Sergi SOLÉ


Resulta imperativo que la psicopatología que practicamos y enseñamos incluya, de forma rigurosa, este aspecto dialógico, difícilmente “formulable” en el lenguaje de las ciencias naturales y tan solo superficialmente asumido por la mayoría de modelos psicológicos.

Ej (3)L ÁMBITO DEL diagnóstico psiquiátrico se halla en una crisis evidente. La ofensiva al modelo operacional encarnado por el DSM no ha hecho más que recrudecerse a lo largo del proceso de gestación y alumbramiento de su quinta, arábiga y última edición. Las recientes propuestas del NIMH para sustituirlo —dado su escaso rendimiento en la investigación biomédica— por un marco epistémico ya desligado de toda referencia clínica y entregado a la heurística de un big data despersonalizado parecen certificar de modo contundente el fracaso del discurso psicopatológico oficial. Sigue leyendo

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Verano sin fenofobia en World Psychiatry

 

DSC00229PUBLICÁBAMOS EN PLENAS vacaciones estivales nuestro particular diálogo con Louis A. Sass cuando World Psychiatry, revista de la Asociación Mundial de Psiquiatría, acababa de hacer lo propio con el suyo. Parnas, Lysaker, Ratcliffe, Garetty y Fuchs entre otros respondían al artículo central a cargo de Louis Sass y Greg Byrom: Perspectivas fenomenológicas y neurocognitivas de los delirios.


Y si coincidían ambas publicaciones en el tiempo también lo hacían en el sentido de su réplica. Basta con leer los títulos de los comentarios para ver por dónde van las teclas. El de Lysaker y Hamm no puede sar más explícito: Inquietudes en torno a la inatención del papel que desempeñan el dolor emocional y la intersubjetividad. En la primera parte de su argumento, aperitivo de un trabajo pendiente de publicación en PPP, vienen a coincidir en la primacía que reclamábamos nosotros para los afectos en la comprensión de la vivencia esquizofrénica, aquí acotado a los delirios, que dicen “no son simplemente cálculos erróneos basados en disfunciones neurocognitivas o el producto de alteraciones fundamentales en el sentido del yo, como describen los autores [Sass y Byrom]. Más bien -prosiguen Lysaker y Hamm-, si el dolor desencadena experiencias delirantes, puede ser que los delirios sean en parte intentos, bien que ineficaces, de los seres humanos para explicar o comunicar su dolor a otros seres humanos”. Asumido el papel de la afectividad en la génesis del delirio, enlazan este factor con un componente intersubjetivo no del todo claro, aquí como función posible del delirio, en lo que sigue como postulado mecanismo a través de la conocida Teoría de la Mente, de la que proponen una lectura propia frente a la “retirada general a un estado solipsista” descrita por Sass y Byrom.

En su comentario El mundo interpersonal de la psicosis Matthew Ratcliffe hace hincapié en los mismos elementos que Lysaker y Hamm, aunque en el título mencione uno solo, y enfatiza tanto la importancia de un fondo público o intersubjetivamente compartido a partir del cual moldeamos nuestras creencias, como una confianza básica que no podrá tener otro componente fundamental que el de la afectividad, según él mismo expone. La ruptura traumática de estos lazos vinculares tempranos dañaría la solidez de ese consenso tácito necesario para no naufragar, y cita a Jaspers, en la humana socialización; y podría así condicionar “sesgos epistémicos” que nos llevaran al delirio. Como resultado.

En La intersubjetividad de los delirios, aportación de Thomas Fuchs, no se tematiza esa afectividad que Lysaker, Hamm y Ratcliffe sí consideran imperativo destacar, pero resume con precisión el marco interpersonal en el que el fenómeno, más allá de las alteraciones de la ipseidad en que se centra la propuesta de Sass, viene a gestarse:

En resumen, los delirios pueden no ser suficientemente descritos como creencias falsas individuales. Se corresponden más bien con una situación intersubjetiva despojada de la confianza básica que podría ayudar a restablecer una comprensión consensuada de la situación y a co-construir una realidad compartida, de sentido común. Independientemente de sus presupuestos neurobiológicos y de sus componentes neurocognitivos -a los que no quitamos su crucial importancia- los delirios no son solamente productos de cerebros individuales. Su fundamento no radica en una representación engañosa del mundo, sino en el fracaso en la participación en un mundo compartido a través de la interacción con los demás.

También a nuestro entender resulta imprescindible la explicitación de una afectividad siempre relegada a la insinuación y el apunte. Tal vez por miedo a generar esa “fenofobia” de la que Josef Parnas escribe en su texto Delirios, epistemología y fenofobia, en el que reconoce que “el artículo de Sass y Byrom puede parecer una reminiscencia de las conjeturas no empíricas de una era precientífica, expresada en un lenguaje poético” frente al contundente vocabulario operacional de los manuales estadísticos. Aunque no nos parece que la obra de Sass, mucho más cercana como se ve a los preceptos neurocognitivos, corra gran riesgo en ese sentido, sí podría en verdad ocurrirle a una fenomenología que, abierta a la facticidad, apueste por los quiebros de la vida y relegue los enunciados de impacto. Quien la rehuya, malentendiendo la ciencia, leerá el trema con Sass. Nosotros les invitamos a seguir con Parnas:

Desde una perspectiva fenomenológica, los delirios primarios no son errores originalmente cognitivos sino fenómenos esencialmente experienciales de raíz afectiva o pática, un aspecto bien ilustrado por las descripciones de Conrad del trema y la ‘afectividad fundamental intensificada’.

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VV.AA. (2015), Forum – Phenomenological and neurocognitive perspectives on delusionsWorld Psychiatry (14:2), 163-87

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La enfermedad de Sass

¿Por qué nacen y mueren juntos Apolo y Dioniso?
J. Leclercq

 

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Fotograma de La maladie de Sachs

LA PROPUESTA DE Louis Arnorsson Sass para la comprensión de la esquizofrenia nos parece seria y sugerente. Reconstruye desde las exigencias fenomenológicas los elementos fundamentales de la clínica, esto es, de lo ya observado por generaciones de psiquiatras y magistralmente plasmado por Eugène Minkowski en su obra de 1927 La schizophrénie. Pero nos preguntamos si aporta algo el armazón husserliano con el que Sass viste el autismo de Bleuler y el racionalismo mórbido de Minkowski. De entrada parece que lo argumentado filosóficamente gana peso y verdad. Pero veamos. Sigue leyendo

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Stanghellini y el equívoco Minkowski

Tractografia

Tractografía en la portada del dominical magazine del 29 de septiembre que anuncia el reportaje central sobre los proyectos Human Brain Project y Brain Initiative.

 

LAZO QUE TODO LO UNE – OTRA MIRADA, IDÉNTICA PERSPECTIVA – REFERENCIAS, INSTANCIAS, MÁS ALLÁ – DE SUELOS Y CIELOS – EL SALTO HERMENÉUTICO

 

En un principio textu era en latín tejido, participio pasado de texere, tejer. Más tarde el término sirvió también, mediante una metáfora, para designar lo que estaba escrito o impreso y que no era otra cosa que el tejido de las letras y las palabras. De modo que viene de lejos el vínculo entre textos y tejidos, y así en las otras lenguas romances.

John W. Wilkinson, Globish del 29 de septiembre






GIOVANNI STANGHELLINI PUBLICÓ en 2010 en Psychopathology un artículo de pretensión cuasi programática: A Hermeneutic Framework for Psychopathology. Vindica en él la obra del psiquiatra ruso Eugène Minkowski, gesto que nos proponemos analizar en este número de FENOPATOLOGICA al hilo de las metáforas textiles que ambos usan. Ofrece Stanghellini la suya para vestir la propuesta hermenéutica frente a la visión naturalista:

It arises by taking human subjectivity as a texture (from the Latin ‘textura’=weaving, the same origin as text) or a fabric. As a texture, human subjectivity has an intimate network or weaving, which is an arrangement of threads, and a surface appearance showing pleats, folds, creases, wrinkles, corrugations, etc.

La subjetividad así entendida sugiere aprehenderla mediante una explication que, al contrario de la causalista y enajenadora explanation, sí atendería lo propio de la experiencia del sujeto, su más íntima textura. La definición queda así: “To explicate the text of a patient’s subjectivity means to open up its pleats and wrinkles, and make visible its intimate texture or structure”. Explicar significa pues hacer visible la trama, la estructura. Y este es el quid del artículo, defender una psicopatología estructural frente a las psicopatologías descriptiva y clínica. En FENOPATOLOGICA nos preguntamos: ¿Es hermenéutica, como anuncia el título, esta propuesta estructural? ¿Lo es la de Eugène Minkowski a quien toma como referencia?

LAZO QUE TODO LO UNE

La tesis principal de Stanghellini sostiene que una presentación sindrómica no resulta de la asociación casual de síntomas sino que responde a una estructura meaningfully interconnected, esto es, cohesionada por una unidad de sentido. El deseo de unidad lo anticipa ciertamente Minkowski, quien escribe que los síntomas “forment non pas un amalgame mais réellement un tout”, e insta a buscar ese “lien qui en réalité unit“, ese lazo que todo lo une. También Stanghellini busca su nexus, el de esa unidad sindrómica que no es compacta sino resultado de la articulación de elementos, síntomas y signos. El lien o nexus lo halla en las relaciones de sentido (meaningful relationships), a las que considera fenomenológicas frente a unas relaciones causales etiológicas que serían, por usar la terminología antipsiquiátrica que apunta, enajenadoras del sujeto. Lo mismo defiende Minkowski del método fenomenológico por el que aboga, al afirmar que este “n’entreprenait ses recherches ni sous l’angle de la causalité, ni du conditionnement, ni de la genèse”.

OTRA MIRADA, IDÉNTICA PERSPECTIVA

Arrostrado el enfoque de la causalidad científica, el “point de vue médical (qui) n’épuise jamais l’aliénation mentale”, habrá que calibrar la perspectiva fenomenológica pr-opuesta, el ángulo propio en que trenzar estas relaciones de sentido. Desprendida la mirada “telle que nous l’impose la méthode des sciences” convergen ruso e italiano en las kantianas formas de la sensibilidad, espacio y tiempo, para la reconstrucción fenomenológica de la subjetividad experiencial. Aunque resulta discutible la fenomenología de andar por casa (Phenomenology of Everyday Life) a la que apela para imponer los existenciarios como guías para la composición del mundo enfermo, no nos detendremos en ello pues no radica ahí el meollo de la psicopatología estructural de nuestro cicerone angloparlante: “However, at this stage of reconstruction the lived world still lacks a core that keeps its parts meaningfully interconnected”. Stanghellini entiende que el broche que anuda el sentido de los síntomas en la vivencia fenomenológica del mundo, el proceso final que da coherencia a la totalidad de la experiencia, consiste en aislar un (supuesto) núcleo: Grasping the Trouble Générateur.

Introduce Minkowski el que resultará afortunado galicismo al reconocer en 1927 “le besoin de ramener la richesse et la variété des symptômes à quelques troubles élémentaires sous-jacents” (Annales médico-psychologiques, 1927), i.e., la necesidad de hallar el denominador común de unos síntomas que “sont sous-tendus ainsi tous par un trouble générateur”. ¿Pero qué es este trouble générateur que sos-tiene la vivencia sintomática? Stanghellini lo entiende como aquello que, tal como describe Minkowski, subyace o sostiene la presentación clínica descriptible. Unidad subyacente (underlying), a menudo en un sentido deficitario como transformación, alteración, trastorno, anormalidad, o trouble. Underlying disorder o Trastorno subyacente, ¿qué es eso que subyace, que hay debajo?

Si un temprano Minkowski reconoce en el trouble générateur “le désir d’établir pour les troubles mentaux des rapports organo-psychiques”, se aparta años más tarde de las causalidades biológicas y de la lésion première para defender una tarea fenomenológica que “s’éloigne  (…) de ce qui est interprétation causale de ces faits. Elle s’inspire du phénomène global de la folie et laisse de côté son aspect médical”. Reivindica entonces la “personalité humaine tout entière”, el “fenómeno global” frente a la simplicidad de unas funciones correlato de lesión. Stanghellini también sufre, desde su Departamento de Ciencias (precisamente) Biomédicas de la Università degli Studi G. d’Annunzio, el lastre organicista y quiere desmarcarse: “Mental disorders are first of all mental”. Ambos quieren ver el trouble générateur como “not an etiopathogenetic construct, but rather a hermeneutic one”. Pero les cuesta. Cambiando la mirada no han podido mudar la perspectiva trascendental, hipostasiante. Proclaman la renuncia de un sustrato físico mientras se les cuela por el forro la sustancialidad de la conciencia. ¿Es más legítimo ese enchaînement causal?

REFERENCIAS, INSTANCIAS, MÁS ALLÁ

Ramos y Rejón (2002) reconvienen al ruso francófono el “desplazamiento a la búsqueda de instancias de legitimación”; y el profesor Villegas se planteaba en su Tesis doctoral (1981) que “Minkowski y demás analistas fenomenólogos estén traicionando sus propios principios, tal vez para hallar una seguridad intelectual (apriorística) ante la complejidad e inabarcabilidad de la existencia concreta”. Este corrimiento nos parece responder a la necesidad de patraña y cachivaches sobre la que alertaba Magris desde un Danubio empantanado; a la morbosa necesidad del enfermo melancólico descrita por Codet. Defraudado por la falta de hechos palpables que justifiquen su malestar, fía a otras instancias la respuesta que precisa para no ceder al sinsentido del dolor: “à défaut d’incitations extérieures il est conduit à chercher une autre explication pour satisfaire au besoin d’enchaînement causal” (Idées d’influence au cours d’un état mélancolique, 1923). Si el enfermo delira con un Otro amenazante para explicarse la angustia del vacío; el psiquiatra fantasea, a falta de una lesión cerebral localizable, con dar un sentido al hueco dejado por el órgano.

No será ya la víscera pero seguimos en la oscura entraña del sufriente, algo que está por debajo o más allá, un trastorno sub-yacente (sous-jacent, underlying) que sos-tiene los síntomas (“the underlying characteristic that keeps the phenomena standing”), los epi-fenómenos. Ordena Minkowski “pénétrer en profondeur” y lo obedece Stanghellini en un nuevo triunfo de la psicotomía profunda, análisis del cenagal que tantos elogios ha merecido: “Minkowski’s generative disorder is a ‘deeper symptom’ compared to ‘surface symptoms’ on which contemporary nosography is based”. ¡Henricus-Cornelius, oyes?

DE SUELOS Y CIELOS

(entre los que hay algo con tendencia a quedarse calvo de tanto recordar – Mecano)

No sabemos como compatibiliza Stanghellini su defensa de estos fosos del ser con el posterior rechazo de una explanation dirigida al espacio etéreo de lo sub-personal, de lo sub-jetivo: “This ‘outside’ includes sub-personal or trans-personal mechanisms, or a theory that is placed in a ‘third world’ that is external to the patient’s subjectivity”. Espacio de tercera, exterior sin categoría, afuera sin la prestancia del subsuelo. Mecanismo tan ajeno como la intersubjetividad que funda la hermenéutica. No es, por supuesto, un problema interno de la espacialidad, de una menor aprehensibilidad del outer space frente al mundo interno idealizado. Sus reticencias, lejos del orden del saber, proceden directamente de posiciones metafísicas, como asume Minkowski sin rubor.

Tal vez hubiera merecido la pena detenerse algo en las disquisiciones epistemológicas que Stanghellini considera “not at issue here”, y dar la cara. Tal vez le hubiera servido para no dar por zanjada, con la asunción de un par de vaguedades sobre los brain states o mechanisms y la supuesta antinomia entre ciencias humanas y naturales, la cesura trascendental en la que tropieza, ahora, desde dentro. En un análisis más detenido se hubiera percatado, tal vez, de que cambiando la mirada no muda la perspectiva. No trata la apuesta estructural de una mera cuestión epistémica, de si la res extensa viene antes o después, de si la reducción del fenómeno al mecanismo “comes as a later step”. Trata de conceder a la estructura de experiencia del sujeto una entidad, Hjelmslev dixit, una esencia. Se lanzará a ello Minkowski con su antropología y posterior cosmovisión. No le seguimos en ello pero sabe lo que se hace. Nosotros nos detenemos, como creemos que debería haber hecho Stanghellini para fundamentar sus pretensiones hermenéuticas, en otro momento de la obra del francógrafo.

EL SALTO HERMENÉUTICO

Antes de enredarse con la fenomenología había mostrado Minkowski una aguda intuición clínica, bergsoniana tal vez, acerca de la compleja naturaleza de ese espacio que eligen para mostrarse las presentaciones sintomáticas. En La notion de fond mental (Annales médico-psychologiques, 1940) no se trataba aún de atender un sub-strato orgánino ni a prioris psicológicos, sino de detenerse en los hechos psicopatológicos y “voir comment ils se rattachent à la personnalité vivante du sujet”. Personalidad como totalidad organizadora en la comprensión -episteme todavía- de los síntomas, como ”ensemble, vu justement sous l’angle du fond”. Esta perspectiva de fondo, nos advierte, “n’implique aucune investigation en profondeur” y se afana en destacar su naturaleza envolvente y atmosférica frente a la  “profondeur obscure et mystérieuse”. Es precisamente en este momento, para ilustrar esa peculiar espacialidad, cuando propone para su elucidación la metáfora de la tela, del tejido, que no hay que comprender -nos avisa- como telón (de fondo) sino como el fondo de una tela:

Ce qui le caractérise ce n’est point ce qui se passe au fond ou dans le fond, ni ce qui vient du fond, mais ce qui se dessine, se profile, se détache, ressort sur un fond.

Tal vez quiera servir al mismo propósito de descarga la apelación de Stanghellini a una subjetividad como textura. Mejor que la fontanería del Danubio, la tela ofrece una versatilidad por la que algunos suspiran desde el esqueleto fósil de la conciencia. El tejido ejemplifica una sustancia sin profundidad pero con intersticios, la espesura de un conocer que no va más allá, que no hurga ni espera, que atiende lo presente (la temporalidad, Eugène!) y no sospecha. Que “s’arrête au fait psychopathique comme tel” y se posa en la superficie de la personalidad viva. Pero la texture del italiano no es ese fondo mental que Minkowski asimilará en 1957 al diálogo, hilvanando el camino hermenéutico. Si para Stanghellini

To explicate human subjectivity (taken as a textura or a text), means to unfold, exposit, expound, expand, unfurl it, lay it bare, show further details about it

, nos preguntamos: ¿Qué ulteriores detalles queremos mostrar? ¿A qué viene desnudar y exponer, a qué olvidar la tela, que es ya piel?

(Sobre el traicionero estrambote de la interpretación y Ricoeur, tal vez en otra parte).

***

Todas las citas en inglés proceden del trabajo del italiano STANGHELLINI, G. (2010), A Hermeneutic Framework for Psychopathology. Psychopathology (43), 319-26

Todas las citas en francés, salvo donde indicado, proceden del trabajo del ruso MINKOWSKI, E. (1948), Phénomenologie et analyse existentielle en psychopathologie. L’évolution psychiatrique (4), 137-85

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Fenomenología danubiana (por los canalones de Magris)

Sergi SOLÉ PLANS


Sucevita

Iglesia del Monasterio de Suceviţa, România

 

LA RELACIÓN – ™ EL CÍRCULO – LOCALIZACIONISMO – HALBKULTUR -˜ RELIGATIO

De repente, vimos una inscripción: “Museo del Danubio”. Esta palabra, Museo, aparecía como algo realmente extraño en medio del encanto de la naturaleza.

Claudio Magris[1]

CLAUDIO MAGRIS RECORRE el Danubio en su libro homónimo de 1986. Desde la entonces República Federal Alemana hasta las costas rumanas del Mar Negro discurre bellas tentativas metafísicas que nos proponemos estudiar. El análisis será detenido ya que la literatura, que a menudo es un viaje de lo conocido a lo desconocido, y al mismo tiempo de lo desconocido a lo conocido, termina en ese ir y venir por marear a veces, y confundir como veremos. Sigue leyendo

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Controvèrsia Jaspers (1988-97)

Es compleix enguany el centenari de la publicació de la primera edició de la Psicopatologia General de Karl Jaspers (Oldenburg, 1883 – Basilea, 1969). Obra de referència incontestable per la semiologia psiquiàtrica del segle XX, patí a la darrera dècada d’aquest (1988-1997) un debat saturant sobre fins a quin punt mereixia rebre la consideració de fenomenològica i especialment d’hereva de la doctrina del filòsof Edmund Husserl (Moràvia, 1859 – Friburg de Brisgòvia, 1938). Entrat el segle XXI l’assimilació de l’obra jaspersiana a la fenomenologia és generalitzada, si bé d’una manera laxa i força aliena al moravià. Els editors de la conferència del Institute of Psychiatry de Londres celebrada el 2005 i publicada a Schizophrenia Bulletin el 2007, Gareth Owen i Robert Harland, afirmen sense gaire contemplacions a la seva introducció titulada Taking Phenomenology Seriously que Jaspers (…) was directly engaging with phenomenology. I Thomas Fuchs donava un lustre abans per clausurada la disquisició a Psychopathology  tot assumint aproblemàticament al seu treball The challenge of neuroscience: Psychiatry and phenomenology today una “descriptive phenomenology” in the sense of Jaspers. La fenomenomenologia d’avui ja no s’atura en Jaspers. Potser no cal, potser només reconèixer que ens orientà quan el necessitàvem.

Sobre la influència husserliana es mostrà contundent German Berrios a la conferència pronunciada a Cambridge el 8 de març de 1988 i publicada l’any següent al Journal of the Royal Society of Medicine sota el títol What is phenomenology? A review, tot concloent that there is little in the philosophical movement called phenomenology (as developed by Husserl and continued by his followers) which is conceptually useful to the construction of a modern theory of description applicable to the signs and symptoms of mental or physical illness.

Qüestiona el 1993 a Comprehensive Psychiatry la convergència entre Phenomenology and psychopathology: was there ever a relationship? es pregunta tot responent de forma expeditiva que this much-talked-about alliance [between 19th-century descriptive psychopathology and phenomenology] was just a marriage of convenience.

No limita el seu argumentari a la manca de relació entre ambdues disciplines sinó concretament la de Husserl sobre Jaspers tot sentenciant que Husserlian phenomenology played no significant role in General Psychopathology, i pretenent que historians of psychiatry have so far failed to show that what Jaspers introduced into psychopathology had any connection with Husserlian phenomenology.

Desplaça les influències cap a d’altres autors: Kant, Dilthey, and Weber seem to have been more important to Jaspers’ ideas than Husserl, particularly in dichotomies such as form/content and explanation/understanding.

Assumida aquesta génesis conceptual [de la Psicopatología General de Jaspers] a través de Kant, Dilthey o Max Weber, recullen la controvèrsia Ramos Gorostiza i González Calvo en la seva contribució de 1995 a El sentido de la psicopatología y el papel de la fenomenología tot contrastant de forma desmenjada la frontal oposició de Berrios (1989-1993) a la lectura prohusserliana de Wiggins, Schwartz i Spitzer (1992):

Las referencias de éste [Jaspers] a la fenomenlogía de Husserl han promovido una discusión que parece no vaya a terminar nunca.

La profunditat de la seva anàlisi els permet una formulació conciliadora afirmant que si bé existe una clara referencia de la Psicopatología General a las Investigaciones Lógicas [de Husserl] no se puede afirmar, sin más, que se hayan captado los conceptos claves de la fenomenología, sino más bien una cierta idea de método que permite a Jaspers resolver cierto tipo de problemas para escapar del psicologismo.

Dos anys més tard, el 1997, reprenien el debat Osborne P. Wiggins i Michael Alan Schwartz al treball Edmund Husserl’s Influence on Karl Jaspers’s Phenomenology publicat a Philosophy, Psychiatry, & Psychology:

G. E. Berrios and Chris Walker have raised doubts about the prior consensus that Jaspers’s phenomenology owed much to Edmund Husserl’s phenomenology. After criticizing this earlier way of reading Jaspers, Berrios and Walker offer differing and novel interpretations of his phenomenology. We agree with the earlier way of understanding Jaspers, primarily as set forth by Michael Shepherd and Herbert Spiegelberg; and we disagree with Berrios’s and Walker’s contentions that Jaspers did not in fact derive much of his phenomenology from Husserl.

Jean-Michel Azorin i Jean Naudin feien seu, amb un arrauxat afany de clausura, el posicionament de Wiggins i Schwartz a les pàgines següents del mateix volum en el seu Commentary on Edmund Husserl’s Influence on Karl Jaspers’s Phenomenology:

Schwartz and Wiggins’s paper clearly shows that Jaspers’s comprehensive psychiatry draws mainly from Husserl’s phenomenology. This thesis enters a current debate opened by Chris Walker and German Berrios about the influence of Husserlian philosophy on Jaspers’s work. This debate, which emerged at the end of the so-called decade of the brain, could be considered perfectly obsolete.

En ferma adhesió als postulats dels novaiorquesos Wiggins i Schwartz (the significant influence that Edmund Husserl’s early work, Logical investigations, exercised on Jaspers’s formulation… Diltheyian procedures were integrated into the Husserlian ones) reblen la seva versió de les influències jaspersianes:

There is no room for Kant in Jaspers’s main principles, and this assumption must lead us to consider the horizon opened by Jaspers, that is, the horizon of a science of meaning essentially built on the lived experiences and the bracketing of any kind of a priori. In contrast to the slight influence of Kant, one idea that emerges is that of the straight impact of Dilthey on both Jaspers and Husserl. We perfectly agree with Wiggins and Schwartz that Jaspers, grounding both on Husserl and Dilthey, arrives at a methodological principle that is all his own, by considering both the connections of the life-stories and the objectivity of symptoms.

Ramos i González (1995) semblen oferir-nos finalment i precisa en les seves consideracions de l’escola wigginsiana, una de les perspectives més comprensives de l’assumpte:

Para Wiggins y col. lo que Jaspers compartiría con Husserl y, por tanto, haría de su proceder fenomenología, es la descripción de los procesos mentales por medio de la intuición representativa, ateniéndose a la evidencia del discurso y la conducta del paciente, sin imputarlos a ningún tipo de teoría causal. Ahora bien, aquí tenemos la prueba más eficaz para hacer ver que esto no es lo que Husserl entiende por fenomenología en sentido estricto. En todo caso, se tratará, más bien, de lo que Jaspers ha entendido por fenomenología.

En aquest garbuix d’influències atribuïdes i negades hi ha opinions per tot i només sembla reunir consens el relativament innocu ascendent de Dilthey sobre Jaspers. Cap altra identificació (penseu en qualsevol combinació possible entre conceptes i noms propis) rebrà subscripció unànime. Però més enllà d’escoles i opinions particulars, el que caldrà saber és de què parlem (més que de qui) quan els psiquiatres continuem apel·lant, per bé o per mal, a la fenomenologia.

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