La abolición de la psicopatología en nombre del empirismo: presentación

Este artículo forma parte de una serie de tres trabajos a cargo de Pablo RAMOS GOROSTIZA, conformada por la presentación, traducción y comentario del artículo La abolición de la psicopatología en nombre del empirismo de Johann Glatzel, publicado en la revista Nervenarzt en 1990.


 

HACE UNOS MESES, pero podría ser ayer, lo mismo da, tuve la ocasión de participar en una reunión de psiquiatras madrileños que se convocó bajo el lema de la psicopatología en el siglo XXI. El debate estuvo presidido por la convicción del declive inexorable de la psicopatología que puede conducir, si es que no lo ha hecho ya, hasta su práctica extinción del panorama psiquiátrico actual. Se abogaba de forma unánime y fervorosa por la necesidad de su recuperación y defensa a la vista de lo demediado que ha acabado por parecer el mencionado panorama. Nada nuevo veinte, treinta, cuarenta años después de que la visión hegemónica de la psicopatología alemana, dizque fenomenológica, entrase en una fase de debilitamiento y consunción. Ya a finales de los sesenta se temía claramente que la época de estabilidad que había suministrado la psicopatología alemana durante más de cuatro décadas estaba terminada. En realidad, lo que sucedía es lo que viene sucediendo desde los inicios de la psiquiatría, a saber, que hay una inestabilidad esencial en el constructo “Psiquiatría” y que la historia de la disciplina es precisamente la sucesión de avatares de eso en que consiste. De modo que las distintas propuestas psicopatológicas, y la alemana de forma eminente, han contribuido a contrarrestar la susodicha intentando dar la apariencia de una estabilidad interna, es decir, teórica y psicopatológica, tan deseada como evanescente considerando las pretensiones de partida.

Pues bien, hétenos allí repitiendo por enésima vez la misma historia. Hubo en esa reunión actos de contrición inolvidables y se denostó, merecidamente, la ominosa década del cerebro, otrora tan celebrada. Y se volvía a repetir de nuevo la apelación, entre soteriológica y mítica, a la necesidad de aportar algo psiquiátrico y consistente que remedie la más que presunta amenaza a la psiquiatría. Pero con esto no veía yo que evitáramos caer otra vez en la misma suerte de vórtice mórbido y maldito que se precipita en lo mismo cíclicamente, una y otra vez. No se puede pretender volver a restaurar de nuevo la psicopatología como garante o salvaguarda de lo psiquiátrico sin asumir su complejidad, su historia, sus límites y sus dependencias conceptuales. Y por eso me acordé de este malhadado artículo de Glatzel que me ha acompañado desde hace casi tres décadas corriendo la misma (mala) suerte que la maltrecha psicopatología. Este artículo fue leído nada más salir en Der Nervenarzt y lo traduje inmediatamente, el mismo 1990, y acordamos enviarlo a publicar a Archivos de Neurobiología tras solicitar el correspondiente permiso a su autor, que concedió gustosamente. Esta revista que a la sazón recibíamos en el Servicio, algo nada frecuente entre los psiquiatras de la época, dice mucho de las miras que algunos tenían por entonces, comparados con los voceros y charlatanes de la psiquiatría dominante, entonces y ahora, tan estrecha de miras como estólida (siempre entre el rebaño se alza alguien por inteligencia o valor o por ambas cosas). Con lo que aprovecho para acordarme en este momento del Dr. Soria, con cariño y agradecimiento. Corría el principio del año 1991, segundo año triunfal de la mencionada década, y fue rechazado sin más miramientos. Y desde entonces ha dormido el sueño de los justos y ha circulado, en copia hecha en la impresora del viejo Macintosh, entre residentes de la Princesa con más pena que gloria. Visto de cerca se lo tenía merecido, a quién se le ocurre poner en duda la psicopatología. Y, sobre todo, quién le mandaba hablar en unos términos ignotos, mentar unos problemas sedicentemente filosóficos, remitirse a autores superados y, además, alemanes. Como no éramos unos ingenuos y nos sabíamos y sabemos en terreno de infieles y sabíamos y sabemos que las cartas que jugamos con estos asuntos son como son, la cosa no tuvo mayor importancia.

Tras casi 30 años, lo rescato ahora por distintas razones. La primera porque creo que sigue siendo plenamente acertado y oportuno a pesar del tiempo transcurrido y las referencias en las que se mueve. De aquí que la pertinencia del comentario venga dada porque si bien por un lado el trabajo habla por sí solo, por otro deja la posibilidad de aclarar algunos aspectos relevantes e incluso de discrepar y ofrecer otro punto de vista diferente. Y ello para señalar su actualidad si es que se pretende pensar la psicopatología como forma de acceder a la experiencia psiquiátrica en cuanto experiencia conceptual, como tarea de pensar lo empírico, pero en serio, tratando de hacer explícitos los supuestos latentes en el desarrollo del argumento. En segundo lugar, porque la mirada retrospectiva quiere resistirse al vendaval del progreso que ha arrasado un pasado si no grandioso, sí importante y, en cualquier caso, respetable. Porque este progreso lo que ha traído fundamentalmente es información espuria en forma de una ingente cantidad de datos y pretensiones de cientificidad, pero no conocimiento; y además parece empeñarse en borrar el rastro que nos permita encontrar los lugares, los momentos y los textos para replantearnos los problemas que están en la base de nuestra propia actividad y su sentido. Con ello quiere hacer justicia a aquellos que reflexionan, dudan, se sorprenden y al hacerlo generan preguntas, abren el campo de visión a la diferencia y se esfuerzan por pensarla sin subterfugios.

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