Diálogo con Ivana Marková

 

9780521022767

 

HA FIRMADO ARTÍCULOS de interés cuando los escribía Ivana Marková. Sin ella, Germán Berrios (uno de los escasísimos ejemplares de epidídimo curricular más largo que Tizón) nos hubiera torturado por los siglos con su dialéctica del ruido y la señal. Mas hete aquí que en 2009 suscribe que los síntomas mentales son construcciones teóricas en las que “los sujetos crean sentido o construyen un significado a partir de una rudimentaria experiencia preconceptual y preverbal”. Alto ahí. Cherchez la femme. Aquí la tenemos. Dedicamos nuestra atención a esta filósofa y psicóloga checoslovaca (Praga, 1938) que ha dado un vuelco al descriptivismo del psiquiatra peruano. Leemos y reseñamos la entrevista que concediera en 2013 a Thomas Fondelli para Open Dialogical Practices: On dialogue and dialogicality. Sobre el diálogo y la dialogicalidad, dialogaron.

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Soltado el “giro dialógico” avisa Marková de su constitución dispar: los diálogos platónicos, la fenomenología, los estudios de la interacción a rebufo de George Herbert Mead, la teoría de la acción comunicativa de Habermas, el neokantismo y Mikhail Bakhtin. A pesar de que estas diversas corrientes no podemos decir que lleguen a ensamblarse en una teoría unificada, por el cauce común de la “dialogicalidad” fluye la idea de que los seres humanos no viven aislados sino en relación:

«La interdependencia entre mentes está profundamente arraigada en la naturaleza humana y permea todas sus facultades fundamentales como pensar, saber, creer, recordar, imaginar, sentir y actuar. Sin negar las facultades cognitivas del individuo, la aproximación dialógica asume que el pensamiento, el saber y el lenguaje se generan a partir de interacciones entre el sujeto y los demás».

Estas interacciones pueden darse cara a cara (face-to-face) entre dos sujetos por medio de palabras, gestos y artilugios mil; pero no solo entre sujetos. Este intercambio simbólico se daría también en el diálogo interior (internal speech) o como diálogo entre representaciones sociales (Durkheim), e incluso entre tradiciones culturales y épocas históricas tal como, p.e., Mikhail Bakhtin y Yuri Lotman hablan de diálogo entre la cultural medieval y el Renacimiento, o entre este y el Romanticismo.

Dialogismo y dialogicalidad (‘dialogism and dialogicality’) son conceptos teóricos que encuadran las prácticas de diálogo mencionadas. «El “dialogismo”, el “dialogismo existencial” y “el principio dialógico” fueron términos introducidos por primera vez en los primeros años de la década de los veinte del siglo pasado por los filósofos religiosos neokantianos de la Escuela de Marburgo». Según Bakhtin, cercano a esta escuela, el dialogismo no se ciñe al diálogo sino al conjunto de saberes sociales (epistemologies of human and social sciences) que asumen que «el saber, el lenguaje, los sistemas de signos y símbolos, las producciones artísticas así como muchas otras actividades son generadas conjuntamente por el individuo y los demás».

Mikhail Bakhtin se mostró especialmente enfático en el hecho de que vivimos, y constituimos nuestro mundo, orientados al mundo y lenguaje ajenos. Se oponía así al monologismo que en las epistemologías tradicionales concebía el lenguaje y el saber en términos de un sujeto único frente a un objeto. Recogiendo esta perspectiva Marková utiliza el término “dialogicalidad” para referirse a la «capacidad fundamental de la mente humana de concebir, crear y comunicar realidades sociales in terms of the other(s)».

Hasta tal punto concibe como fundamental esta capacidad humana que entiende la “dialogicalidad” como una ontología (Dialogicality and Social Representations, 2003), como condición de lo que el individuo humano ha llegado y puede aún llegar a ser, del «desarrollo de pensamiento, lenguaje, saber, reflexividad e identidad». Toma como ejemplo la «ontología china del yin y el yang basada en interdependencias entre fenómenos». E insiste: «la interdependencia entre el yo y los otros, que denomino ontológica, constituye el punto de partida para el estudio del yo, del lenguaje y de la comunicación, así como de intervenciones profesionales como la terapia».

Frente a esta concepción, el individualismo epistemológico, delatado en expresiones como “intercambio” (exchange) de conocimiento o turnos de palabra (turn-taking) en el diálogo, limita el origen del saber a la racionalidad y cognición individuales, que entiende como únicos responsables de las respectivas aportaciones al diálogo.

Marková

Ivana Marková en la LSE

Si bien hasta aquí hemos seguido, con mayor o menor convencimiento (según el alcance de la distinción entre “interdependencia” e “intercambio”) pero sin demasiada dificultad, el argumento, nos cuesta algo más el siguiente paso. Se ha establecido que el saber se gesta en la relación, y de ello se colige (en este orden deductivo) la «falta de capacidad del individuo para descubrir y comprender los fenómenos naturales y sociales por su cuenta». Pero a continuación Marková saca a colación un concepto que viene a desbaratar la idílica «co-constitución recíproca del yo y los otros en un entorno dinámico», la «co-creación de comunicación», la «co-creación de significados». Leemos:

«La autoridad es un fenómeno importante tanto en el aprendizaje dialógico como en las interacciones terapéuticas y podríamos decir que la persona con autoridad es precisamente aquella que goza de la confianza epistémica de aquellos a quienes entrega (delivers) saberes o creencias justificadas. La confianza epistémica es un elemento esencial en la educación, el acompañamiento o la terapia, ya que es el experto quien transmite (transmits) conocimiento a un novel que no puede descubrirlo por su cuenta».

La confianza, ‘the position of trust‘, entendida como autoridad. La simetría hecha pedazos: «Debemos reconocer que la comunicación siempre es asimétrica. Siempre un participante domina temporalmente al otro». Parece pues que sí hay un sujeto que ha podido alcanzar por su cuenta cierto saber, y otros que estan incapacitados para ello y deben aprender de los expertos. Al fin y al cabo, razón no le falta a Marková cuando repara en que «Ordinary citizens are not Darwins or Einsteins or Comeniuses».

Más adelante, a petición del entrevistador, intenta aclarar el concepto de confianza. Empieza bien a pesar del poco afortunado ejemplo soviético: «confiamos en que a los objetos les corresponden nombres y que estos son relativamente estables» (no como los bolcheviques que pasaron de un día para otro, suddenly, de devotos marxistas a enemigos del pueblo). Así «”una cereza” hace referencia a una cereza», constata. Pero se enreda luego con la dulzura y la intención de quien promete darnos unas cuantas de ellas. Reconoce al fin lo ocioso (pointless) de pretenderle una definición y se limita a identificar dos campos semánticos en los que puede ser hallada, bien «nested in the network of believing, faith, hope or co-operation‘», bien «nested in the network of risk, danger or suspicion‘». Hemos vuelto al sujeto y sus avatares, no siempre armónicos. Abierta la herida entre uno y su alteridad se establece una confrontación (aquí el prefijo viene de suyo): «En otras palabras, sería importante estudiar no solo la negociación de significado sino la lucha individual por imponer el significado propio al otro».

Se desbarata nuevamente el ideal habermasiano. Por no hablar de los casos de sordomudez que Marková toma como ejemplo. Studies in difficult communication that I have already mentioned, show that imposing ones own meaning on the other is essential for a person with a speech or communication problem in getting the message across. Caramba. Resulta que lo que se da es tension between different kinds of mutually interdependent antinomies. ¿No les parece un turn-taking en toda regla? Tension is ever present. Pero volvamos al yin y al yang, que no es intercambio sino interdependencia… ¡antinómica! There are no hard boundaries between objects, words or cultures. Pero boundaries hay, al cabo. Surge la extrañeza. Strangeness. Strangeness between the dialoguing cognitions. Menuda incomodidad reconocernos como extraños. Extraños morales, nos llama Engelhardt, para empezar a respetarnos. Aceptemos pues que the strangeness of others thoughts and speech facilitates communication. Es más, solo ella la hace posible. Without dialogical tension and its variants, intension, attention, contention and otherwise, dialogue would be reduced to exchange of information and flabby communication. Esto es, nada. Silencio. Si hay diálogo hay diferencia. Sobre cómo aprender de ella, dirá Comenio.

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Relieve en el que aparece Comenio (1592-1670), pedagogo checo. Dolany, República Checa. ©Michal

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