Vana semiótica de Reaven

Rieux répondit qu’il n’avait pas décrit un syndrome, il avait décrit ce qu’il avait vu.

A. Camus, La peste

 

…so many learned empty sounds,
with no precise determinate signification…

J. Locke

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EN EL SIGLO XVII los amigos y galenos ingleses Thomas Sydenham (1624–1689) y John Locke (1632–1704) recelaban de las causas últimas. Por humildad o hastío, con resignación y esperanza, se conformaban con lo observado.

 

 

El rampante esencialismo médico de nuestro tiempo ha desatendido la caución que ellos respetaran y se ha empeñado en conquistar “los ínfimos procedimientos en el abismo de la causa” (Sydenham). En tareas imposibles, como la que aquí nos ocupa. No porque carezca la técnica de “so sharp a knife and sight” –como lamentara Locke– para ahondar en el saber del cuerpo, sino porque ha dirigido el bisturí y el metro donde no había sustancia. En un arrebato metafísico ha porfiado en buscar al síndrome metabólico una causa perdiendo la ocasión de dotarlo de alguna utilidad. ¿Cómo ha sido eso posible? ¿Tanto se equivocaron Reaven y compañía? No. Bastó que anduvieran desnortados, confundidos por la ya usual inversión del razonamiento médico de la que Lantéri-Laura alertara:

[H]istoriquement, les maladies sont d’abord identifiées, et la combinatoire
sémiologique vient ensuite, même si, logiquement, elle devrait précéder cette identification.

Es, en efecto, práctica común supeditar los signos a supuestas causas; lo palpable a lo imaginario. Escribe Camus:

Simplement, quand on est médecin, on s’est fait une idée de la douleur et on a un peu plus d’imagination.

Siendo así no extraña que muchos hallaran proverbial la maniobra. Se dio al síndrome metabólico primero un nombre (o varios) y luego, también por dación, los signos que según moda o escuela se antojaran. Tras esta fantasía semiológica (por cambiante –OMS, EGIR, NCEP, ATP-III, AHA, IDF,…– ya sospechosa), tras los “empty sounds” denunciados por Locke, era de temer que nada hubiera: ni caso, ni ley, ni causa.

De habernos exigido partir de la “superficial” semiología pronto hubiéramos reconocido que ni eran signos los datos recabados ni conformaban un conjunto estable, y que así las cosas resultaba absurdo pretender una causa en todo ello, insensato resolver la ecuación que proponía su temprana y reveladora formulación como síndrome X. La incógnita en el nombre escondía la nada, o solo un riesgo, con el adorno de clamps euglucémicos y resistencias insulínicas.

Pasmo de clínicos, descrédito de investigadores.

Esto hemos denunciado en una carta dirigida al editor de la revista Actas Españolas de Psiquiatría, en la que se ha venido aceptando los últimos años un uso acrítico del concepto, y que tienen a bien publicar en su último número de este dos mil quince.

***

FISCHER-HOMBERGER, E. (1970), Eighteenth-century nosology and its survivors. Medical History, 14(4), 397-403

LANTÉRI-LAURA, G. (2003), La sémiologie psychiatrique: histoire et structures. En FUENTENEBRO, F., HUERTAS, R., VALIENTE, C. (eds), Historia de la psiquiatría en Europa. Temas y tendencias, Madrid, 2003

SOLÉ, S. (2015), La incógnita del síndrome metabólico X, Actas Españolas de Psiquiatría (43;6), 237-8

 

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