Verano sin fenofobia en World Psychiatry

 

DSC00229PUBLICÁBAMOS EN PLENAS vacaciones estivales nuestro particular diálogo con Louis A. Sass cuando World Psychiatry, revista de la Asociación Mundial de Psiquiatría, acababa de hacer lo propio con el suyo. Parnas, Lysaker, Ratcliffe, Garetty y Fuchs entre otros respondían al artículo central a cargo de Louis Sass y Greg Byrom: Perspectivas fenomenológicas y neurocognitivas de los delirios.


Y si coincidían ambas publicaciones en el tiempo también lo hacían en el sentido de su réplica. Basta con leer los títulos de los comentarios para ver por dónde van las teclas. El de Lysaker y Hamm no puede sar más explícito: Inquietudes en torno a la inatención del papel que desempeñan el dolor emocional y la intersubjetividad. En la primera parte de su argumento, aperitivo de un trabajo pendiente de publicación en PPP, vienen a coincidir en la primacía que reclamábamos nosotros para los afectos en la comprensión de la vivencia esquizofrénica, aquí acotado a los delirios, que dicen “no son simplemente cálculos erróneos basados en disfunciones neurocognitivas o el producto de alteraciones fundamentales en el sentido del yo, como describen los autores [Sass y Byrom]. Más bien -prosiguen Lysaker y Hamm-, si el dolor desencadena experiencias delirantes, puede ser que los delirios sean en parte intentos, bien que ineficaces, de los seres humanos para explicar o comunicar su dolor a otros seres humanos”. Asumido el papel de la afectividad en la génesis del delirio, enlazan este factor con un componente intersubjetivo no del todo claro, aquí como función posible del delirio, en lo que sigue como postulado mecanismo a través de la conocida Teoría de la Mente, de la que proponen una lectura propia frente a la “retirada general a un estado solipsista” descrita por Sass y Byrom.

En su comentario El mundo interpersonal de la psicosis Matthew Ratcliffe hace hincapié en los mismos elementos que Lysaker y Hamm, aunque en el título mencione uno solo, y enfatiza tanto la importancia de un fondo público o intersubjetivamente compartido a partir del cual moldeamos nuestras creencias, como una confianza básica que no podrá tener otro componente fundamental que el de la afectividad, según él mismo expone. La ruptura traumática de estos lazos vinculares tempranos dañaría la solidez de ese consenso tácito necesario para no naufragar, y cita a Jaspers, en la humana socialización; y podría así condicionar “sesgos epistémicos” que nos llevaran al delirio. Como resultado.

En La intersubjetividad de los delirios, aportación de Thomas Fuchs, no se tematiza esa afectividad que Lysaker, Hamm y Ratcliffe sí consideran imperativo destacar, pero resume con precisión el marco interpersonal en el que el fenómeno, más allá de las alteraciones de la ipseidad en que se centra la propuesta de Sass, viene a gestarse:

En resumen, los delirios pueden no ser suficientemente descritos como creencias falsas individuales. Se corresponden más bien con una situación intersubjetiva despojada de la confianza básica que podría ayudar a restablecer una comprensión consensuada de la situación y a co-construir una realidad compartida, de sentido común. Independientemente de sus presupuestos neurobiológicos y de sus componentes neurocognitivos -a los que no quitamos su crucial importancia- los delirios no son solamente productos de cerebros individuales. Su fundamento no radica en una representación engañosa del mundo, sino en el fracaso en la participación en un mundo compartido a través de la interacción con los demás.

También a nuestro entender resulta imprescindible la explicitación de una afectividad siempre relegada a la insinuación y el apunte. Tal vez por miedo a generar esa “fenofobia” de la que Josef Parnas escribe en su texto Delirios, epistemología y fenofobia, en el que reconoce que “el artículo de Sass y Byrom puede parecer una reminiscencia de las conjeturas no empíricas de una era precientífica, expresada en un lenguaje poético” frente al contundente vocabulario operacional de los manuales estadísticos. Aunque no nos parece que la obra de Sass, mucho más cercana como se ve a los preceptos neurocognitivos, corra gran riesgo en ese sentido, sí podría en verdad ocurrirle a una fenomenología que, abierta a la facticidad, apueste por los quiebros de la vida y relegue los enunciados de impacto. Quien la rehuya, malentendiendo la ciencia, leerá el trema con Sass. Nosotros les invitamos a seguir con Parnas:

Desde una perspectiva fenomenológica, los delirios primarios no son errores originalmente cognitivos sino fenómenos esencialmente experienciales de raíz afectiva o pática, un aspecto bien ilustrado por las descripciones de Conrad del trema y la ‘afectividad fundamental intensificada’.

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VV.AA. (2015), Forum – Phenomenological and neurocognitive perspectives on delusionsWorld Psychiatry (14:2), 163-87

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2 pensamientos en “Verano sin fenofobia en World Psychiatry

  1. […] demuestra Spitzer, lo asume el cognitivismo sutil de Rhodes y Gipps, y se dedica a ratificarlo la revista World Psychiatry en su número del pasado mes de junio. En el interesante trabajo Delusions, Certainty and the Background, publicado por John Rhodes y […]

  2. […] lo asume el cognitivismo sutil de Rhodes y Gipps (2008), y se dedica a ratificarlo la revista World Psychiatry en su número del pasado mes de […]

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