El retiro hegeliano

Por Joanna MONCRIEFF


Traducción del texto, cedido por la autora, originalmente publicado en su blog homónimo el pasado 13 de marzo de 2015 bajo el título

Retreat from the Social:

a review of Hegel’s Theory of Madness by Daniel Berthold-Bond, Suny Press, 1995


 

M0013446 York, the Retreat. Instituted in 1792.

York, the Retreat. Instituted in 1792. Wellcome Library, London. Wellcome Images

 

LEÍ AÑOS ATRÁS algo de Hegel en un grupo de estudio y me quedé impresionada. Así es que me entusiasmé al descubrir un libro que analizaba las ideas de Hegel sobre la naturaleza de la locura, y quise reseñarlo aunque hubiera sido escrito veinte años atrás.




No habrá sido Hegel el primero en tratar la cuestión pero a mi entender sus escritos nos familiarizan, con mayor claridad que ningún otro pensador, con la naturaleza intrínsecamente social del humano pensar y existir. Para Hegel devenimos el ser completo y autoconsciente que somos a través de la interacción con el mundo externo, interacción de la que damos cuenta mediante los conceptos (el lenguaje) que heredamos de la comunidad social. Solamente al reconocer la existencia independiente de algo fuera de nosotros mismos empezamos a comprender cabalmente nuestra existencia individual. Nos reconocemos como nosotros mismos sólo en la medida en que hacemos frente al mundo, y de modo especial a otros seres como nosotros. Las herramientas para este aprendizaje las tomamos de la sociedad en la que hemos nacido.

La monumental Fenomenología del Espíritu de Hegel transita por la conciencia humana desde una especie de “estado natural” en el que apenas podemos diferenciarnos del mundo entorno, hasta esa conciencia humana madura y racional propia de la era moderna que se reconoce a sí misma a un tiempo como individuo autodeterminante y como parte del “espíritu” humano colectivo. En la Fenomenología del Espíritu el camino se recorre a través de la historia, con sucesivas etapas históricas forjadoras de formas de conciencia cada vez más evolucionadas, pero es también un trayecto al que hasta cierto punto cada cual da cumplimiento desde la infancia a la adultez. Las circunstancias sociales e históricas en las que cada uno viene al mundo podrán determinar el ulterior estado de racionalidad alcanzable, mas para cada cual se da un desarrollo desde un estado pueril indiferenciado de dependencia y ensimismamiento hacia otro autorreflexivo en el que el individuo es capaz de distinguir entre sí mismo y su mundo.

Hegel fue un racionalista y un optimista. Escribió en la primera mitad del siglo XIX, cuando la revolución francesa, la industrialización y la incipiente ciencia moderna ofrecían la promesa de una radical transformación del entorno natural y político, para bien. El extendido desencanto con la modernidad del que Nietzsche diera cuenta avanzado el siglo no había cundido todavía. A pesar de las críticas al Terror revolucionario francés y a la pobreza inherente a la emergencia del sistema capitalista, Hegel se mostró entusiasmado y optimista respecto al proceso de desarrollo del pensamiento humano. Hegel sabe, con todo, que no es fácil el camino. Está plagado de disgustos y contradicciones. Sólo salvando semejantes obstáculos puede la humanidad alcanzar su pleno potencial y existir en un estado de harmonía con el mundo.

El libro de Daniel Berthold-Bond Hegel’s Theory of Madness fue publicado en 1995 y compendia las opiniones de Hegel sobre la locura plasmadas en distintas obras. En esencia, Hegel ve la locura como un retorno a un estadio prerracional del ser. El yo trata de liberarse de un mundo social de racionalidad y sentido compartido para atrincherarse en un mundo privado interno, en la “vida del sentimiento”. Este retiro responde a la inevitable sensación de alienación que invade al yo cuando intenta apañárselas con la “otredad” del mundo. Así, para Hegel, la locura es una posibilidad inherente al desarrollo de la conciencia debido al dolor y frustración que conlleva su evolución hacia un estado más pleno y desarrollado.

Berthold-Bond aflora el parecido entre la comprensión hegeliana de la locura como retiro a un estado prerracional y el concepto freudiano de inconsciente. Regiones ambas dominadas por instintos y sentimientos, en las que las leyes del pensamiento racional son proscritas y descartadas. Tanto para Hegel como para Freud, la retirada hacia este modo de pensamiento es patológica e indeseable. Muy al contrario, para Nietzsche, el mundo del sentimiento privado es el estado más genuino del ser, mientras que el mundo civilizado de las convenciones no hace más que reprimir la singular creatividad del espíritu humano.

Freud creía que esa represión de los instintos, necesaria para una existencia social harmoniosa, significaba que la humanidad estaba condenada a la infelicidad y la insatisfacción. Para Hegel, aunque ve en el camino de desarrollo de la conciencia un auténtico reto, la meta es para él un estado de mayor plenitud en el que las pulsiones y emociones -si bien permanecen- son sublimadas con éxito. Para Hegel, cada modo sucesivo de pensamiento racional incluye a la par que supera las formas precedentes, y de este modo las características fundamentales de nuestra naturaleza biológica no son reprimidas como Freud y Nietzsche pretendían, sino que han devenido más integradas socialmente.

Así, Hegel presenta la locura como un estado de repliegue frente a un entorno social alienante, como una parte integrante de su descripción general de la trayectoria del pensamiento humano. Poco tiene Hegel que decir de las causas de la locura en cada individuo, esto es, por qué algunas personas sucumben a este estado mientras que otras no lo hacen, pero mucho en cambio sobre el porqué de la existencia de la locura originariamente. Las contradicciones y retos inherentes a la evolución del pensamiento generan un constante afán por un mundo más simple, cierto y compacto. La locura es así, en palabras de Berthold-Bond, “una potencialidad lógicamente necesaria del espíritu”.

De un modo algo desconcertante Berthold-Bond equipara esta visión en el último capítulo con la idea de la locura como enfermedad del cuerpo, y opone así la teoría de la locura hegeliana a las propuestas de Thomas Szasz y Michel Foucault. Caracteriza a estos como teóricos “etiquetadores” y parece considerar que ambos ven la locura como un fenómeno construido por entero en sociedad. Sin embargo es la noción de locura como enfermedad lo que para estos autores se construye socialmente, no el fenómeno mismo. Szasz se refirió a los diversos estados que son etiquetados como enfermedad mental como “problemas de la vida” prestando escasa atención a su fenomenología, y también Foucault se mostró más interesado por la historia de este silenciamiento de la locura que por su contenido.

Como hoy, había en tiempos de Hegel diferentes visiones de la naturaleza de la locura, con los empiristas y organicistas sosteniendo la naturaleza corporal de tal condición, los psiquistas defendiendo la existencia autónoma de la psique y los románticos, anticipándose a Nietzsche, viendo la locura como un retorno privilegiado al estado natural. Como podría esperarse de un filósofo de lo unitario, Hegel no se avino a alinearse con ninguno de estos posicionamientos encontrados sino que intentó incorporar elementos de todos ellos. Gustaba forzar la dependencia mutua entre cuerpo y mente y el hecho de que la naturaleza, o el cuerpo, fuera el presupuesto de la mente. Se refería a la locura como “enfermedad de cuerpo y mente por igual”, y trazó comparanzas entre el modo en que la mente es perturbada en la locura y aquello que consideraba como esencia natural de las enfermedades del cuerpo.

Resulta con todo arduo conciliar la ontología hegeliana de la locura, como Berthold-Bond la denomina, con una simple teoría de enfermedad en los trastornos mentales. Un retiro del alienante mundo de la alteridad, con el que debemos lidiar para desarrollar nuestra plena humanidad, es una respuesta comprensible, llena de sentido, y desde el punto de vista de Hegel, vencedora sobre sí. De hecho, la visión de Hegel anticipa en gran medida la fenomenología de la locura que R.D.Laing presenta en El Yo dividido. También para Laing la locura es una respuesta cabal ante la inseguridad ontológica o la ansiedad producida por la interacción con otras personas. La locura aparece cuando se fracasa en la integración del yo social con el interno yo privado, empujando al yo “real” a un mundo de fantasía crecientemente desconectado del mundo externo. Claro que Laing no consideraba compatible esta visión con la idea de que la locura fuera una enfermedad “corporal” en el sentido en que habitualmente usamos y entendemos el término.

La visión hegeliana del tratamiento también es difícilmente compatible con un abordaje resueltamente médico. Aunque no desaprobara por completo las intervenciones fisiológicas Hegel estaba convencido de que solo las estrategias psicológicas podían dirigirse al fundamento de la locura. El “terapeuta” debe aliarse con los restos de racionalidad compartida que subsisten en el retiro hacia la locura, y conducir a la persona amablemente de vuelta al contacto con el “mundo real”.

Las ideas de Hegel sobre la terapéutica fueron notoriamente influidas por el “tratamiento moral” de Pinel y anticiparon modernas tendencias como el modelo Soteria para el tratamiento de la psicosis (http://www.moshersoteria.com/articles/). Su concepción de la naturaleza eminentemente asocial de la locura me parece que tiene mucho sentido en los problemas más graves, al menos. Y provee también un fundamento filosófico para un acercamiento de verdad humanista en la ayuda de aquellos que, por el complejo entramado de razones que fuere, se sumen en un estado de extrañamiento mental.

Agradezco a Meade McCloughan sus consejos en los distintos aspectos de la obra e ideas de Hegel.

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BERTHOLD-BOND, D. (1995), Hegel’s Theory of Madness, New York, State University of New York Press
FOUCAULT, M. (1965), Madness and Civilisation, New York, Random House Inc.
HEGEL, G.W.F. (1970), Hegel’s Philosophy of Nature (Tr A.V. Miller), Oxford, Oxford University Press
HEGEL, G.W.F. (1978), Hegel’s Philosophy of Mind (Tr W. Wallace) Oxford, Oxford University Press
HEGEL, G.W.F. (1979), Phenomenology of Spirit (Tr A.V. Miller), Oxford, Oxford University Press
LAING, R.D. (1960), The Divided Self: An Existential Study in Sanity and Madness, Harmondsworth, Penguin
SZASZ, T. (1970), Ideology and Insanity; essays on the psychiatric dehumanization of man, New York, Anchor Books
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