Bioética de lo incomprensible

XXV Aniversario de la conferencia Hermenéutica y psiquiatría de Hans-Georg GADAMER


 

Folk epistemology en Pilon's street

Folk epistemology en Pilon’s street

El arte de interpretar, llamado hermenéutica, tiene que ver con lo incomprensible y con la comprensión de lo que hay de desconcertante en la economía mental y espiritual del hombre.

H.-G. Gadamer



María G. Navarro, filósofa del CSIC y autora del blog folk epistemology, publicó en verano de 2007 en la revista ARBOR un trabajo por el que a la fuerza nos teníamos que sentir interpelados: Crítica a la psiquiatría clínica desde una hermenéutica bioética. Analizamos aquí el concepto de incomprensibilidad en él ofrecido y sus implicaciones para los requerimientos éticos de la psiquiatría clínica.


SE PREGUNTA MARÍA G. Navarro si el discurso psiquiátrico puede ser entendido “en los términos de una hermenéutica que se ignora, pese a su latencia, en el seno de una ciencia experimental”. Releemos. Despacio. Esto es o así entendemos: si bajo el discurso superficial de una medicina basada en pruebas que censura siguiendo a José Lázaro (Entre pruebas y narraciones), late como posibilidad en psiquiatría la comprensión narrativa del sufrimiento. Se trata de saber si la medicina es capaz de, más allá de las “objetivaciones masivas” que según Gadamer dominan al psiquiatra, enfrentar el hecho de que tal como él afirma, Navarro transcribe y nosotros suscribimos: ”la inquietante oscuridad que rodea las enfermedades mentales no deja de ser incomprensible, aunque el médico disponga de los medios necesarios para dominar la enfermedad, como, por ejemplo, los psicofármacos”.

La psiquiatría, definida según Navarro por su carácter manipulativo (pp. 585 y 594) se habría contentado con “dominar” la enfermedad relegando, obstaculizando incluso, la comprensión del sujeto. Pero prosigue Gadamer, aunque Navarro ya no lo reproduce, con las siguientes palabras: “En la sociedad que debería existir entre médico y enfermo subsiste, en muchos de estos casos, un abismo insuperable. En apariencia, no hay hermenéutica que ayude a franquearlo. Y, sin embargo, la camaradería entre estos dos seres humanos debería reclamar sus derechos. El médico -y quizá también el paciente- debe esforzarse por lograrla”. A pesar de la incomprensibilidad que “rodea” la enfermedad, no considera pues Gadamer que la psiquiatría haya claudicado en su vocación de acompañar al sufriente. Lo mismo defendía Karl Jaspers quien, si bien consideraba “que la enfermedad no reside en lo susceptible de comprensión, sino en lo incomprensible”, nos impelía a acercarnos al hombre que (la) padece: “Donde los síntomas parecen tener que ver con nexos de sentido comprensibles, es transitado el camino de la comprensión para ayudar humanamente a través de una comprensión lo más profunda posible”. Apelan ambos a la humanidad, a la camaradería, mas refulge pronto un matiz: si para el psiquiatra la enfermedad “reside” en lo incomprensible, si le es -digamos- esencial, para el filósofo la oscuridad sólo “rodea” el sufrimiento, le es circunstancial y sería, por tanto, disipable. Esta es la postura defendida por la filósofa del CSIC al sostener que la enfermedad no es un “estado esencial de hombre alguno” sino resultado de acciones, en este caso del artificio psiquiátrico: “esa oscuridad es efecto del lenguaje psiquiátrico (que) cubre, en efecto, de una inquietante oscuridad lo que, según el punto de vista que aquí se sostiene, deberían comprenderse como respuestas (de múltiples y variadas modulaciones) ante acontecimientos de una resonancia emocional trágica o terrible”. Pero si la envolvente negrura es obra de la psiquiatría cabrá entonces, como escribíamos, aclarar esas respuestas desarticulando las estratagemas del científico someter. Rescatando a la psiquiatría del paradigma positivista en el que andaría perdida, alejada “de sí misma, de su verdadero rostro”, ella misma alienada, y devolviéndola al de la narratividad que se le supone propio debería ser posible restituir la comprensibilidad al sufrimiento. Pero ¿es en verdad la psiquiatría artífice de tal embrutecer? ¿Es eso lo que sugiere Gadamer?

La conferencia de la que se extrae el citado concepto de incomprensibilidad, Hermenéutica y psiquiatría, fue pronunciada en el Congreso de Psiquiatría de San Francisco de 1989. Si atendemos al desarrollo del argumento allí expuesto creemos se aclararán las responsabilidades. Comienza la digresión con la referencia platónica por la que pensar es “escuchar las respuestas que nos damos a nosotros mismos o que nos son dadas, cuando elevamos lo que es incomprensible a la calidad de una pregunta”. Lo incomprensible es, por tanto, el objeto del pensar, en general. Partiendo de esta premisa y de forma únicamente derivada ocurrirá, se nos dice, que “el psiquiatra reconocerá inmediatamente la proximidad de estos puntos incomprensibles respecto de aquellos que él encuentra en las enfermedades espirituales y mentales de las que debe ocuparse”. No generará confusión ni enturbiará el discurso, sino que “reconocerá en” su práctica clínica aquello que es propio de un pensar precisamente hermenéutico. No consideraba Gadamer que la psiquiatría se hubiera abandonado en “el seno de la ciencia experimental”, sino que le reconocía muy al contrario el esfuerzo por mantenerse “en el delgado límite que media entre el terreno del conocimiento propio de las ciencias naturales y su penetración racional en el acontecer natural, por un lado, y la confrontación con los enigmas mentales y espirituales, por el otro”.

No creemos que en los veinticinco años que nos separan de la conferencia californiana de Gadamer la psiquiatría haya cejado en su empeño por suturar la que Navarro denomina “dilemática disección entre hechos y valores en las ciencias experimentales”. Lo viene haciendo de muy atrás (Hönigswald, 1929) y por muchos, entre ellos el aludido Valdés, pero de forma notoria Bill Fulford mediante su insistente reintroducción en psiquiatría de los valores no epistémicos; invitándonos -más allá de las pruebas- a una práctica basada en valores (Values Based Practice). Y si efectivamente entre esos valores la psiquiatría “puede ser analizada desde el punto de vista de su presunta moralidad”, creemos que en lo que atañe al concepto de incomprensibilidad responde con solvencia a los requerimientos que desde la hermenéutica bioética Navarro aquí le plantea.

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G. NAVARRO, M. (2007), Crítica a la psiquiatría clínica desde una hermenéutica bioética, Arbor (CLXXXIII, 726), 581-97 doi:10.3989/arbor.2007.i726.128

GADAMER, H.-G. (1993), Über die Verborgenheit der Gesundheit, Frankfurt am Main, Suhrkamp

JASPERS, K. (1983), Wahrheit und Bewährung, München, Piper

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Un pensamiento en “Bioética de lo incomprensible

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